
martes, 1 de abril de 2008
EL ILUSIONISTA
El ilusionista
DIARIO 20 MINUTOS / CINE
http://www.20minutos.es/cine/cartelera/pelicula/28529/el-ilusionista/

Crítica
La última película de Neil Burger conjuga una fórmula eficaz y seduce desde la solidez de sus impecables formas y los volúmentes histórico-románticos que la definen.
DIARIO 20 MINUTOS / CINE
http://www.20minutos.es/cine/cartelera/pelicula/28529/el-ilusionista/
Título V.O.: The Illusionist
Año de producción: 2006
Distribuidora: Aurum
Género: Drama
Clasificación: No recomendado menores de 7 años
Estreno: 17 de noviembre de 2006
Director: Neil Burger
Guión: Neil Burger
Música: Philip Glass
Fotografía: Dick PopeTítulo
Intérpretes:- Edward Norton,
- Rufus Sewell,
- Paul Giamatti,
- Jessica Biel,
- Eddie Marsan,
- Tom Fisher,
- Aaron Johnson,
- Jake Wood.

Eisenheim es un misterioso mago que consigue desafiar las leyes de la naturaleza y asombrar continuamente al público. Cuando el prestidigitador llega a Viena empieza a actuar con su fantástico espectáculo y en poco tiempo la noticia de su presencia llega hasta el príncipe heredero Leopold. Con la intención de desacreditar al ilusionista, el príncipe acude junto a su prometida Sophie von Teschen, a una de sus funciones. Cuando la bella prometida aparece, enseguida reconoce a Eisenheim y se reaviva un amor de la infancia.
La lucha por el amor de la joven enfrenta a los dos hombres que harán cualquier cosa por conseguirla. Escrita y dirigida por Neil Burger (Interview with the Assassin), "El ilusionista" está basada en el relato corto del ganador de un Premio Pulitzer Steven Millhauser, "Eisenheim The Illusionist".
Una película de los productores de la ganadora de un Oscar, "Crash", protagonizada por Edward Norton, el actor de "American History X" y "Todos dicen I love you" y también director y productor de "Más que amigos". A Norton le acompañan Jessica Biel (Blade: Trinity, Elizabethtown) y Paul Giamatti (Cinderella Man, Entre copas).
Un film donde nada es lo que parece, donde el amor, la obsesión y la intriga se entremezclan con la magia y el misterio.
Crítica
La última película de Neil Burger conjuga una fórmula eficaz y seduce desde la solidez de sus impecables formas y los volúmentes histórico-románticos que la definen.
El ilusionista es un cuento para adultos narrado con exquisito gusto estético y con incontestable equilibrio entre sus piezas. El ensamblaje global propone dos horas de evasión perfectamente vivaces que tienen en la distribución del ritmo y el minucioso antagonismo entre sus personajes protagónicos su baza más distinguida. Burger decora las pasiones, porque de nada sino de un drama pasional se trata, con un cautivador barniz pseudo fantástico que, y ahí radica el pero más gordo del invento, acaba basculando torpemente hacia la balanza del realismo imposible.
La gracia fundamental está en discernir si Eisenheim (Edward Norton) es un mago o un diabólico engañabobos, no obstante Burger mitifica a tal punto sus prodigios en el escenario que acaba por distraer la atención apuntando en direcciones que no piensa seguir.
El ilusionista deviene así, involuntariamente, en fábula decididamente inverosimil, que flirtea con el fantástico, más por el entusiasmo de Burger en alimentar el perfil extraordinario del relato, que por una lógica narrativa con punto de partida y de llegada.
Al final uno tiene la sensación de haber sido tramposamente manipulado, pero no por Eisenheim, que sería lo suyo, sino por un Burger incapaz de medir el impacto dramático de su fascinación hiperbólica por los trucos maestros del prestidigitador. La consecuencia directa es un desenlace imposible, montado a través de flashbacks, que resuelve el misterio comprometiendo el encanto global de la fábula, con un positivismo tan milimétricamente resolutivo como forzado.
El ilusionista hace aguas en ese desenlace que ata cabos sin atención a la lógica, pero la prestancia hipnótica de la puesta en escena y, sobre todo, el recital a tres bandas de Edward Norton, Rufus Sewell y, sobre todo, y una vez más, el monstruo Giamatti, que se merienda sin contemplaciones a todo aquel que se le ponga delante, en vanguardia, en retaguardia, en drama, en comedia o donde sea menester.
El genial protagonista de Entre copas es un plus en cualquier empresa a la que preste sus servicios. El ilusionista no es una excepción. La culpa de que tan excelentes mimbres no se traduzcan en una excelente película es de Burger en su faceta de guionista por poner una bomba en el último acto y en sus funciones de director por visualizar la prodigiosa mente del mago con semejante querencia por lo improbable.
En resumidas cuentas: funciona mejor el engranaje policial que el estrictamente mágico-sentimental. Un matiz: con tanta insustancial nadería exportad por Hollywood, El ilusionista es un drama adulto que se viste por los pies y que, en consecuencia, está muy por encima de la cosecha habitual con que Hollywood nos tortura de un tiempo a esta parte.
Noticia aparecida en DIARIO 20 MINUTOS / CINE
http://www.20minutos.es/cine/cartelera/pelicula/28529/el-ilusionista/
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EL TRUCO FINAL (El prestigio)
El truco final (El prestigio)
Diario 20 minutos / Cine
http://www.20minutos.es/cine/cartelera/pelicula/28638/el-truco-final-el-prestigio/
Título V.O.: The prestige
Año de producción: 2006
Distribuidora: Warner Sogefilms
Género: Acción
Clasificación: No recomendado menores de 18 años
Estreno: 12 de enero de 2007
Director: Christopher Nolan
Guión: Christopher Nolan, Jonathan Nolan
Música: David Julyan
Fotografía: Wally Pfister
Intérpretes:
- Michael Caine (Cutter),
- Andy Serkis (Sr. Alley),
- Scarlett Johansson (Olivia),
- Christian Bale (Alfred Borden),
- David Bowie (Nikola Tesla),
- Hugh Jackman (Robert Angier),
- Piper Perabo (Julia Angier),
- Rebecca Hall (Sarah Borden)

En el misterioso ambiente del Londres decimonónico, Robert Angier y Alfred Borden son dos prestigiosos magos y amigos que se admiran mutuamente. Hasta que el mejor truco de ambos se echa a perder y pasan a ser enemigos irreconciliables.
Desde ese momento de desencadena una feroz competencia entre los dos con el fin de acabar con la carrera del otro. La ambición les llevará a protagonizar espectáculos inimaginables con la ayuda de Nikola Tesla, un brillante científico que domina peligrosamente el nuevo e inquietante poder de la electricidad.
Con "El truco final", el realizador Chistopher Nolan (Memento) se apunta al mundo de la magia gracias a la novela "The Prestige" de Christopher Priest.
En su quinta película, en colaboración con su hermano Jonathan con el que firma el guión, Nolan hace un gran despliegue técnico y artístico. La cinta cuenta con un gran reparto encabezado por actores jóvenes pero consagrados como el mundialmente famoso Lobezno de "X-Men", Hugh Jackman (Van Helsing) y Christian Bale (El maquinista), al que Nolan ya dirigió en "Batman Begins". También aparece el prestigioso ganador de dos Oscar, Michael Caine (Hijos de los hombres). Como secundarios de lujo nos encontramos con la actriz de moda en Hollywood, Scarlett Johansson (Lost in Translation), que repite con Jackman tras "Scoop" y el famoso cantante pop David Bowie, que de nuevo vuelve a hacer un inquietante papel en la gran pantalla.
El resultado de todo ello: una intrigante y sorprendente historia sobre la eterna competitividad en el mundo del espectáculo.
Crítica
Esto no es El ilusionista 2, ni por remoto accidente, a pesar de los paralelos fáciles que propone buena parte de la prensa especializada. Nolan viaja mucho más lejos que Burger proponiendo, no una pieza de época sobre ilusiones espectáculo y conejos en la chistera, sino un descomunal manifiesto ilustrado sobre los límites incalculablemente perversos de la ambición humana, sobre la humana debilidad tendente al imposible de embotellar lo inefable, sobre los límites racionales e irracionales de la ciencia como estrategia de dominación y sobre la autodestrucción cincelada a base de codicia y delirios de grandeza.
Hugh Jackman y Christian Bale, superlativos ambos, son los dos extremos de esa enfermiza dinámica competitiva de dos tipos dispuestos a malvender su alma al diablo por un teorema nigromante, la llave de un milagro, un pedazo, corrompido acaso, de la piedra filosofal.
The Prestige es un estudio microcósmico y con apariencia (sólo apariencia) sobre la condición humana y la fragilidad del juicio cuando uno cree tener a mano los instrumentos precisos para tocar el cielo. Es, por supuesto, un inmenso truco de magia, un alarde de prestidigitación escénica de diabólica complejidad y desenlace circense potencialmente tramposo (para gustos los colores), pero detrás de ese código de representación, que no es sino el barniz perfecto de la fábula y, en última instancia una ponderación metafórica que reivindica el ilusionismo como doctrina cinematográfica y al cineasta como ilusionista de la posmodernidad, se esconde un ovillo narrativo incontenible y prácticamente perfecto a medio camino entre el rompecabezas ético-psicológico y un alarde de alquimia existencialista apto, y ése es el verdadero golpe de efecto, para las masas pensantes.
Nolan maneja la adrenalina dramática a su antojo y reivindica al espectador despierto, caminando siempre un paso por delante del respetable y llevándolo a rebufo, echando el bofe, con similar maquiavélica intensidad con que marcaba el ritmo desfragmentado y deconstruido en Memento.
Es improbable que el cine comercial norteamericano sea capaz de emular a corto plazo un espectáculo tan grande, estimulante e inteligente como éste, porque Nolan es de otra pasta, uno de esos cuatro gatos contados que se atreven a infiltrar rompecabezas escénicos en la industria pesada. Por eso es The Prestige un irresistible desafío, caja de sorpresas que no trasciende por ser tal sino por el apasionante sustrato emocional que manipula con tacto exquisito, por la lapidaria esquizofrénica insensatez, panorámica estupefaciente de almas perdidas y raídas por el anhelo ciego de omnipotencia. Un mecanismo de relojería cuasi-perfecto, que sabe no ponerse límite alguno. Si hace aguas a costa del salto mortal del desenlace, que probablemente hace, encuentra entonces el único puente tangible y cierto con El ilusionista de Neil Burger.
Lo demás, que es casi todo, es cine de gran calibre y, profeticemos, una de las mejores propuestas cinematográficas que disfrutaremos en el curso recién inaugurado.
Noticia aparecida en Diario 20 minutos / Cine
http://www.20minutos.es/cine/cartelera/pelicula/28638/el-truco-final-el-prestigio/
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lunes, 31 de marzo de 2008
VIEJAS GIRAS POR PROVINCIAS
¡OH LAS VIEJAS GIRAS POR PROVINCIAS!
Carlos Luis Lamas
Carlos Luis Lamas
Aquella noche en el café, mi amigo el mago....., lo llamaré Fred-pues me pidió que si narraba esta anécdota no lo mencionara- estaba melancólico. Afuera llovía y el agua golpeaba contra la gran cristalera desde la que veíamos a los viandantes caminar con premura. Dentro, los camareros navegaban como avezados marinos entre el mar de mesas y sillas atestadas de parroquianos. El humo prestaba al paisaje una neblina especial.
¡Tu no sabes lo que eran las giras por provincias! – dijo Fred mientras su mirada se perdía en el tiempo. ¡Era como estrenar función todos los días! De los pueblos o ciudades sólo conocíamos el camino del hotel o pensión al teatro. Y también el bar que cerraba el último. Allí aterrizábamos casi todos por no decir todos, después de la función a tomar un bocadillo o la última copa. No faltaban los que cerraban el bar y trasnochaban hasta coger el tren. La verdad es que todos dormíamos durante los trayectos a pierna suelta. ¡Siempre faltos de sueño! – dijo sonriendo el amigo Fred mientras apuraba un vaso de tinto-.
¿Qué tal la convivencia?
¡Había de todo! ¡Amores y odios múltiples! Imagínate que éramos más de treinta en la compañía, sin contar a los técnicos, conviviendo prácticamente casi todas las horas del día. Eso durante meses, algunas compañías los hacían durante años. ¡No te pierdas eso!.
Antes de que me casara con Katia, buscaba a alguna de las bailarinas que me sirviera de “partenaire”. Pero me creaban cada problema.
- Es que pretendías.........
¡No, no, no, nada de eso! Es que indefectiblemente ella se sentía la mujer del mago. Si invitaba a otra de las bailarinas a tomar algo o era más atento con la vedette, me montaba un cirio de narices. Y para qué te cuento si estábamos más de un día en la plaza, y uno ligaba con una espectadora de primera fila....¡Para que te voy a contar!.
Fred encendió el cigarrillo con el que había estado jugueteando, haciéndolo aparecer y desaparecer entre sus largos dedos. Sus ojos penetrantes adquirieron un brillo especial, mientras su voz profunda reinició el relato de sus recuerdos.
Una vez llegamos al pueblo alrededor de las doce de la mañana. Me habían hablado de una pensión que estaba muy bien de precio. Como no andaba muy fuerte de fondos, partí a buscarla.
La patrona era una viejecita encantadora, de pelo blanco, traje negro y un albo delantal en la cintura.
Tienes suerte joven – dijo ella – hoy me ha quedado una habitación libre. Don Serapio, uno de mis huéspedes más antiguos, ha partido precisamente hoy para un largo viaje. Si usted vuelve dentro de una hora, tendrá la habitación preparada.
Me quedaré cuatro días – repliqué yo - . Regresaré para echarme una siesta antes de la función.
Muy bien señor, la tendrá a su disposición.
Me fui al teatro para abrir los baúles. En esos tiempos, todo el equipaje viajaba directamente de camerino a camerino. Los dejabas cerrados y en orden al finalizar la última actuación en una ciudad, y te los encontrabas en la siguiente en tu camerino. Te ahorrabas de andar con maletas para arriba y para abajo, como ahora.
Dejé todo listo par la función y me fui a comer. Luego partí como un “zombi” para la pensión. La viejecita me dio la llave de la calle por si llegaba tarde en la noche y me mostró la habitación . Como sólo veía la cama me tendí vestido sobre ella, puse mi pequeño despertador en la mesilla y me dormí hasta la hora del teatro. Me levanté justo para llegar a la función.. Felizmente estaba cerca. Allí dentro, el ritual acostumbrado: vestirse, maquillarse, ordenar los dichosos veladores, llevarlos al escenario y ponerlos a salvo de la tromba que son las bailarinas entre número y número. Luego esperar tu turno, actuar y esperar la segunda función.
A la salida me fui con los músicos a un bar que ellos habían descubierto y como les encantaba la magia, les estuve haciendo juegos hasta las tantas. Total, dormiría hasta que despertara. ¡A eso de las tres o cuatro de la tarde!- exclamó con una sonrisa cómplice.
No se la hora que sería cuando llegué a la pensión, solo recuerdo que llovía a cántaros. Encendí la luz de la habitación y la miré por primera vez. Una antigua coqueta con espejo ovalado, sobre ella, pañitos muy blancos orlados de bolillo, un macizo armario, un lavabo con su espejo y una cama señorial pasada de moda. Con esto te quiero decir que era alta. Con razón los antiguos no eran dados a los juegos del amor. ¡Si se caían, se podían descalabrar!.
Todo estaba ordenado, pulcro, y limpio, pero un penetrante olor entre agrio y dulzón, que no podría definir, inundaba la habitación. Afuera, seguía lloviendo, y yo estaba empapado. Me desnudé y me metí entre las sábanas de una impoluta blancura. A pesar del olor me dormí pronto, pues estaba agotado.
Unos golpes en la puerta me sacaron del sueño. ¿Quién podía ser a estas horas de la noche?.
Dije el consabido –Adelante- y abrí los ojos. Entre brumas, vi que el sol irradiaba la habitación y en el marco de la puerta distinguí a dos figuras correctamente uniformadas. Por un momento pensé en la policía, pero éstos iban de negro, y que yo supiera, los uniformes de la policía eran grises-
Venimos a llevarnos al muerto –oí desde la puerta-.
¿Qué muerto? – pregunté yo.
El cadáver que está debajo de la cama. Muy eficientemente, levantaron el faldón del cobertor y extrajeron un cuerpo del que evidentemente provenía el olor. Sin medir palabra, se lo llevaron, no sin antes decir.
-Siempre a su servicios, señor.
Como comprenderás, apenas salí de mi estupor. Me vestí rápidamente y me dispuse a salir de aquella casa.
-¿Se va tan pronto, señor?-dijo la encantadora viejecita. Disculpe a Don Serapio, no tenía donde guardarlo hasta que llegaran los de la funeraria. Espero que no le haya molestado durante la noche. ¡Era un hombre tranquilo!.
Fred se encogió de hombros. Afuera seguía lloviendo y dentro, la vida bullía entre copas y humo.
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