sábado, 22 de agosto de 2026

LOS GRANDES MAGOS NUNCA MUEREN

 

El cantante granadino Miguel Ríos hizo famosa una canción titulada «Los viejos rockeros nunca mueren».

Al conocer la noticia de la muerte de nuestro MAESTRO Juan Tamariz, lo primero que pensé fue que, en realidad, no había muerto. Porque cuando alguien llega a ser tan grande, es imposible que muera del todo.

¿Murieron Picasso, Elvis Presley, Gabriel García Márquez o Gary Cooper? No. Ellos siguen estando entre nosotros porque alcanzaron una dimensión tan grande en sus respectivas profesiones que, cuando pensamos en ellos, no lo hacemos como personas que ya no están, sino como personas que siguen vivas a través de su obra, de su talento y de nuestros recuerdos.

Y con Juan Tamariz ocurrirá exactamente lo mismo.

Todos los que tuvieron la suerte de conocerle bien coinciden en una cosa: su enorme generosidad. ¿Quién soy yo para llevarles la contraria?

Es sabido por todos que Juan no tenía secretos para los magos. Todo lo contrario: quería que los demás pudieran aprender, avanzar y trabajar con aquellas técnicas y aquellos conocimientos que a él le habían costado tantos años de estudio, esfuerzo y dedicación.

Su amor por la magia era tan grande que deseaba que todos pudiéramos crecer con ella. Por eso no se guardaba nada.

Nos dejó sus libros, sus publicaciones, sus conferencias, sus vídeos y, sobre todo, una inmensa parte de su conocimiento. Nos entregó un verdadero tesoro a todos los que amamos este maravilloso arte.

La primera vez que vi a Juan fue en el Congreso Nacional de Magia de Málaga, en 1998.

Juan bajaba solo por las escaleras del Hotel Alay. Levanté la cabeza y le vi. En aquel momento no vi simplemente a un hombre: vi a un ídolo, a un artista de primer orden, a uno de los grandes maestros de la magia.

Aproveché que yo era uno de los organizadores de aquel Congreso para presentarme. Lleno de nervios, le invité a visitar una exposición de 52 caricaturas realizadas por el dibujante gráfico Ángel Idígoras, en la que Juan era precisamente uno de los protagonistas.

Y entonces ocurrió algo que me sorprendió enormemente: Juan comenzó a hablarme con una naturalidad y una cercanía como si nos conociéramos desde hacía años.

Yo estaba delante del Maestro mundial de la magia y, al mismo tiempo, deseando encontrarme con mis amigos y conocidos para poder decirles:

«¡He conocido y he hablado con Juan Tamariz!»

El corazón me multiplicaba los latidos.

Después tuve la suerte de coincidir con el Maestro en más ocasiones. Incluso algunos magos malagueños tuvimos la oportunidad de cenar con él en el Restaurante Chinitas, aquel lugar tan conocido de Málaga donde también almorzaba cada día El Chiquito de la Calzada.

Juan, cuando estaba en Málaga, solía cenar allí y almorzar en El Tintero, ese famoso chiringuito de la playa especializado en pescado.

Son recuerdos que ahora adquieren un valor todavía mayor.

Hoy estoy triste. Muy triste.

Se ha ido el Maestro de miles de magos. Ya no tendremos la posibilidad de volver a hablar con él, de escuchar su voz, de compartir una cena o de disfrutar de una de aquellas conversaciones que convertían cualquier momento en algo especial.

Pero, por suerte, Juan nos dejó mucho más que recuerdos.

Nos dejó sus libros, sus enseñanzas, sus palabras, sus vídeos, sus juegos, sus técnicas y, sobre todo, su manera de entender y de amar la magia.

Mientras exista un mago que estudie sus libros, mientras alguien vuelva a ver uno de sus vídeos, mientras unas cartas se mezclen entre las manos de alguien que aprendió de él, mientras un niño descubra el maravilloso mundo de la magia… Juan Tamariz seguirá estando con nosotros.

Por eso hoy, aunque las lágrimas nos acompañen, quiero despedirme de él con una frase que resume todo lo que siento:

Los grandes magos nunca mueren.

Gracias, Maestro.
Gracias por todo lo que nos diste.
Gracias por enseñarnos a amar la magia.

D.E.P. Juan Tamariz.




martes, 7 de abril de 2026

¿QUÉ ES LA ADIVINACIÓN? EN BUSCA DEL LIBRO PERDIDO

 


Siempre me ha llamado la atención las historias curiosas del mundo de la magia y, me topé con una que me llamó de forma llamativa mi atención y que quiero compartir con vosotros. Pude descubrirlo en el volumen número 9 de revista semestral Maese Coral cuyo director es el gran historiador de la magia Ramón Mayrata. En la pagina 45 de dicha revista nos encontramos con el excelente articulo de Martín Pacheco y titulado Cumberland en castellano.

Antes de hablar de lo que más me ha llamado la atención del artículo os voy a contar algo de manera muy breve sobre quien fue nuestro protagonista. En el cine español conocemos el landismo como el cine que el gran actor Alfredo Landa interpretaba en la década de los setenta. Pues bien en el último cuarto del siglo XIX se hizo muy famoso un mago inglés al que se conoció con el nombre de Stuart Cumberland quien con el tiempo se convirtió en la persona conocida por lo que se llamó el cumberlandismo. Fue ayudante de otro famoso mago llamado Irving Bishop, de quien conoció la técnica que haría famoso a ambos. Cuando Cumberland siendo aun muy joven dejó el espectáculo de Bishop por discrepancias personales, nuestro protagonista preparó su propio espectáculo con el que recorrió varios países con un número que desafiaba todo lo que la inteligencia puede llegar a comprender. Lo más curioso es que tanto Cumberland como Bishop es que ellos aseguraban que no había ningún tipo de truco y que nada tenía que ver con otros efecto de mentalismo. Para poneros en contexto voy a intentar explicar en que consistía el “fenómeno”. Encontrar un objeto escondido solo con tocar la mano de la persona que anteriormente lo había escondido. Adivinar una palabra o número que alguien piensa y sin que lo dibujar un objeto oculto guiándose tan solo por la presión o movimientos de quien lo pensó. Todo esto lo realizaba con tan solo ciencia, o eso era lo que confesaba. Lo curioso de lo que se conoció como cumberlandismo no fue Cumberland ni Bishop quienes lo presentaron por primera vez. Su “inventor” fue un señor llamado Jhon Randall Brrown quien lo llamó “lectura muscular”. Ahora que para quien no conocía la existencia y vida de Stuart Cumberland y también para los que la conocían os voy a contar lo que en realidad me llamó extraordinariamente la atención.

Era sabido por mucha gente interesada en la historia de la magia que conocían que Cumberland estuvo en España dando conferencia y actuaciones e, incluso que tenía varios libros escritos en idioma inglés. El primero de estos libros fue le llamado A Thought-Reader´s Thoughts escrito en 1888, pero recientemente se ha descubierto que justo en 1887 Cumberland escribió un libro en español y al que titulo ¿Que es la Adivinación? Publicado por Fuentes y Capdeville y que contenía 37 páginas. Hasta aquí lo podíamos contar como una rareza, pero lo más sorprendente de esta historia en que tan solo se ha localizado una unidad de dicho libro. Es decir tan solo existe un libro en todo el mundo escrito en español escrito por Cumberland, escrito en español y llamado ¿Qué es la adivinación? El libro se encuentra en la Senate House Library, dependiente de la Universidad de Londres y donde se encuentran más de 13.000 volúmenes. El problema es que no han querido dar ni tan siquiera una copia de dicho libro.

He decidido escribir este articulo en mi blog por si algún amante de la magia o literatura tiene en su librería un libro con dicho titulo o lo encuentra en algún rastrillo y así sabe el valor sobre todo histórico de dicho volumen de tan solo 37 páginas y sin desmerecer su valor económico. Suerte.